Cuando se habla de reducir el metano ganadero, es comprensible que quienes gestionan una explotación piensen primero en el coste de la alimentación animal y los equipos. Elevar los objetivos ambientales no equivale a ampliar la capacidad de gestión de las explotaciones. Para que una tecnología se adopte, hay que responder no solo cuánto puede reducirse, sino también quién asume el coste, qué cambios operativos hacen falta y quién confiará en los resultados.
Al abordar estas cuestiones de forma conjunta, la reducción del metano se convierte en una tarea capaz de transformar los métodos de producción ganadera y las industrias de servicios. Por eso se necesita una perspectiva de competitividad industrial que conecte la alimentación animal, la salud animal, la medición y el análisis, sin perder de vista el objetivo ambiental.
La reducción y la producción deben evaluarse en la misma cuenta
La FAO señala la salud animal, el manejo de la explotación y la mejora de la eficiencia productiva como vías para reducir las emisiones ganaderas, y explica que el enfoque debe adaptarse a cada región y sistema de producción. Esto no significa que exista una única solución aplicable a todas las explotaciones. Al evaluar una medida de reducción, también deben considerarse las condiciones que quienes gestionan la explotación puedan mantener en el tiempo. FAO, vías para reducir las emisiones del ganado
Supongamos que, tras cambiar la alimentación, baja un indicador de metano. Si al mismo tiempo disminuyen el consumo de alimento y la producción de leche, resulta difícil presentarlo como un éxito sin matices. A la inversa, aunque las emisiones por unidad de producto bajen al aumentar la producción, las emisiones totales de la explotación pueden subir. En ambos casos, el denominador elegido cambia la interpretación.
Por ello, conviene que el cuadro de decisión de la explotación distinga entre emisiones totales, emisiones por animal y emisiones por unidad de leche o carne. Situarlas junto a los costes de alimentación, el tiempo de trabajo adicional, la producción y los costes de salud animal permite observar la relación entre el desempeño ambiental y el económico. Este cuadro no da por válida de antemano una tecnología concreta; ofrece un marco para interpretar los resultados de un ensayo.
Los registros comparables importan más que el número de equipos
Para desarrollar una industria, los resultados deben poder explicarse también en explotaciones con condiciones diferentes. Las directrices del IPCC para estimar las emisiones ganaderas abordan la clasificación de los animales, la ingesta y la energía de la alimentación, así como los factores de conversión de metano. No puede asignarse la misma emisión simplemente porque se trate de una vaca: la alimentación y las condiciones de cada animal influyen en el cálculo. Sin embargo, el mero uso de unas directrices de inventario nacional no otorga por sí solo una certificación de reducción a un proyecto individual. IPCC, Refinamiento de 2019, volumen 4, capítulo 10
Las ppm que suelen observarse sobre el terreno expresan la concentración de metano en el aire. Su unidad es distinta de la masa de metano emitida durante un periodo determinado. Si aumenta la ventilación y baja la concentración, el resultado puede deberse a la dilución del gas. Para estimar emisiones, deben examinarse conjuntamente el caudal o las condiciones de dispersión acordes con el método de medición, la concentración de fondo, el tiempo de medición y el modelo de cálculo.
Si se pasa por alto esta distinción, pueden tomarse decisiones de gestión equivocadas incluso con buenos sensores. El valor de un servicio de datos no se limita a almacenar muchos números. También comprende vincular los cambios en la alimentación, los movimientos de animales, la calibración de los equipos y las interrupciones de comunicación, y explicar qué periodos se excluyeron de la comparación.
La alimentación animal y los servicios de verificación tienen responsabilidades diferentes
Las empresas de alimentación animal deben explicar la composición de sus productos y las condiciones de suministro; las explotaciones deben conservar los registros reales de alimentación y manejo; y quienes se encargan de la medición y el análisis deben gestionar el proceso de manera que los resultados puedan reproducirse. Separar las responsabilidades permite examinar las causas cuando el desempeño queda por debajo de lo esperado: si se trata de un problema del producto, de una alimentación irregular o de un periodo de medición insuficiente.
El material de revisión de la FAO sobre el metano también considera la seguridad, la viabilidad económica, la regulación y las condiciones sociales al evaluar las medidas de reducción. Los resultados experimentales de una tecnología y su posibilidad de difusión en las explotaciones están relacionados, pero requieren verificaciones distintas. FAO, opciones para reducir el metano en la ganadería y el cultivo de arroz
Si una política cuenta únicamente el número de equipos o el volumen de alimentación suministrada, es fácil que el trabajo intermedio quede fuera. La formación para el análisis, el apoyo a la calibración, la normalización de los formatos de datos y la revisión independiente también requieren recursos. Cuando estos servicios se prestan de forma estable, las explotaciones pueden reducir la carga de tener que resolver por sí solas los problemas que surjan tras la adopción.
Compruebe primero la estructura de costes en un piloto pequeño
Un piloto desde la perspectiva de la competitividad industrial puede partir de cuestiones operativas concretas, en lugar de una implantación a gran escala. Por ejemplo, se puede seleccionar un tipo de producción y comprobar el tiempo necesario para elaborar los registros de alimentación, la frecuencia de mantenimiento de los equipos, el periodo durante el cual se obtuvieron datos válidos y el coste de elaborar informes. El resultado no es una tasa de reducción nacional, sino una hipótesis de costes para extender el servicio a la siguiente explotación.
También es necesario distinguir las necesidades de cada comprador. Una explotación puede buscar información útil para la operación cotidiana; una empresa de alimentación animal puede necesitar datos para comprender las condiciones de aplicación de un producto; y una empresa alimentaria puede requerir registros acordes con los criterios de cálculo de su cadena de suministro. En vez de vender el mismo informe a todas las partes, conviene acordar primero la información necesaria para cada decisión y la responsabilidad de revisarla.
Es aconsejable que el contrato especifique la finalidad del uso de los datos, el periodo de conservación, el alcance de la divulgación de resultados y el procedimiento para corregir errores. Si los registros aportados por una explotación se convierten en material promocional sin consentimiento, habrá menos motivos para participar en el siguiente piloto. Cuantos más datos acumula una actividad, más importantes son, al igual que la tecnología, las reglas operativas que sostienen la relación entre las partes.
La competitividad surge de resultados que pueden explicarse una y otra vez
El paso de la reducción del metano a la competitividad industrial no es automático. Las medidas de reducción deben funcionar en las explotaciones, tener un coste asumible y permitir que otras personas examinen los resultados. Las políticas pueden contribuir a los pilotos y a los servicios de base que crean estas condiciones. No hay fundamento para afirmar que, por ello, las ventas o el valor de inversión de una empresa concreta aumentarán necesariamente.
Los criterios para decidir el siguiente paso también deben ser claros. Si el porcentaje de datos válidos es bajo, deben mejorarse los equipos o los procedimientos operativos. Si la medición es estable pero no existe disposición a pagar, deben reconsiderarse la utilidad del informe y el cliente al que se dirige. Evaluar toda la actividad con una única tasa de reducción puede ocultar el verdadero cuello de botella.
La importancia industrial de reducir el metano ganadero no consiste únicamente en añadir nuevas obligaciones a las explotaciones. Consiste en comprender la producción y el desempeño ambiental a partir de los mismos registros, y en hacer que los métodos con efectos verificados puedan aplicarse también en otros lugares. Cuando se cumplen estas condiciones, la tecnología de reducción tiene más posibilidades de convertirse en un servicio de uso continuo y no en una ayuda puntual.
